4. Analiza el efecto de los recursos literarios que los autores emplean en los dos textos para desarrollar el tema de la unión y la separación en las relaciones de pareja. En tu ensayo, compara la presentación de este tema en ambos textos. Debes incluir ejemplos de los textos que apoyen tus ideas.
Texto 1
Cuando la muger vio que matava el cavallo non aviendo otro et que dizía que esto faría a quiquier que su mandado non cumpliesse, tovo que esto ya non se fazía por juego, et ovo tan grand miedo, que non sabía si era muerta o biva.
Et él assí, vravo et sañudo et ensangrentado, tornóse a la mesa, jurando que si mil cavallos et omnes et mugeres oviesse en casa quel' saliessen de mandado, que todos serían muertos. Et assentósse et cató a cada parte, teniendo la espada sangrienta en el regaço; et desque cató a una parte et a otra et non vio cosa viva, bolvió los ojos contra su muger muy bravamente et díxol' con grand saña, teniendo la espada en la mano:
-Levantadvos et datme agua a las manos.
La muger, que non esperava otra cosa sinon que la despedaçaría toda, levantóse muy apriessa et diol' agua a las manos. Et díxole él:
-¡A!, ¡cómo gradesco a Dios porque fiziestes lo que vos mandé, ca de otra guisa, por el pesar que estos locos me fizieron, esso oviera fecho a vos que a ellos!
Después mandól' quel' diesse de comer; et ella fízolo. Et cada quel' dizía alguna cosa, tan bravamente gelo dizía et en tal son, que ella ya cuidava que la cabeça era ida del polvo.
Assí passó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella fabló, mas fazía lo quel' mandavan. Desque ovieron dormido una pieça, díxol' él:
-Con esta saña que ove esta noche, non pude bien dormir. Catad que non me despierte cras ninguno, et tenedme bien adobado de comer.
Cuando fue grand mañana, los padres et las madres et parientes llegaron a la puerta et porque non fablava ninguno, cuidaron que el novio estava muerto o ferido. Et desque vieron por entre las puertas a la novia et non al novio, cuidáronlo más.
Cuando ella los vio a la puerta llegó muy passo et con grand miedo, et començóles a dezir:
-¡Locos, traidores!, ¿qué fazedes? ¿Cómo osades llegar a la puerta nin fablar? ¡Callad, sinon todos, también vós como yo, todos somos muertos!
Cuando todos esto oyeron, fueron marabillados; et desque sopieron cómo pasaron en uno, presçiaron mucho el mançebo porque assí sopiera fazer lo quel' cumplía et castigar tan bien su casa.
Et daquel día adelante, fue aquella su muger muy bien mandada et ovieron muy buena bida.
Don Juan Manuel
Conde Lucanor, Exemplo XXXV
(1335)
Dominio público. Texto: es.wikisource.org (“Conde Lucanor/Ejemplo 35”).
Texto 2
Una noche,
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
una noche,
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda, muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
y tu sombra,
fina y lánguida,
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectadas,
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban
y eran una
y eran una
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
Esta noche
solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida,
y el chillido
de las ranas...
Sentí frío; ¡era el frío que tenían en tu alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
era el frío de la nada...
Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil,
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de las almas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!...
José Asunción Silva
“Nocturno” (III)
(1894)
Dominio público. Texto: es.wikisource.org (“Nocturno (Silva)”).
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